JOSE SOAQUIN
VALENZUELA LEVI


"Su sonrisa franca, su mirada transparente,
y con un gran compromiso a su patria y a su pueblo
al que siempre amó"



29 años, soltero, hijo de Beatriz Levi, ingeniera en minas, en el exilio. Sale Joaquín a Suiza el 11 de octubre de 1973. Reingresa a luchar por los suyos. Quienes lo conocieron y mucho quisieron, lo recuerdan joven, rubio, buenmozo, con su sonrisa franca, con su mirada transparente, muy serio y entregado a todo lo que debía asumir, y con un gran compromiso a su Patria y a su pueblo al que siempre amo.

Joaquín, tu pueblo te saluda y te dice:

¡Gracias, hermano!
¡Seguiremos tu camino de lucha


BEATRIZ LEVI, madre de José Valenzuela Levi (Pepo), uno de los 12 masacrados hace llegar este mensaje desde Suecia en el año 1989.

Cuando niño, le pregunté a mi hijo que cómo había aprendido a ver las injusticias y a sufrir por ellas, y él me contestó que yo se lo había enseñado. No me arrepiento y me siento orgullosa de habérselo enseñado. El futuro de mi hijo, podría haber sido un camino fácil, sin problemas y sin preocuparse de los demás: un profesional viviendo en Chile, en Santiago, en una casita del barrio alto con un jardín con begonias, y preocupándose solamente de su éxito profesional y de la felicidad de su familia. La explicación de por qué el camino elegido por ese niño, después adolescente y ya adulto (29 años cuando lo asesinaron) no fue un camino fácil y egoísta, nació en Pepo cuando niño ya que, aunque introvertido y tranquilo, no podía soportar la injusticia. A los 6 años tuvo de repente la vivencia de la injusticia, de que había mucha gen te que no tenía las mismas oportunidades que él, y sobre todo de que había mucha gente que tenía hambre y que alrededor de esa gente otra gente vivía tranquilamente sin verlo que pasaba o no queriendo ver lo que pasaba. Esa constatación, esa vivencia, se reflejó en un grito: "Pero Maaamy, y por qué nadie no hace naaada!!". A los l5 años y después de participar en construir un mundo de igualdad, justicia, y en el cual nadie sufriera hambre, el mundo de la Unidad Popular, vino la destrucción de esa posibilidad, vino el Golpe, y allí dijo en un grito callado, con una seguridad de hombre, esta vez tranquilo y seguro de su decisión: "Voy a tener que repensar mi vida". El camino que eligió fue el de una entrega total para terminar con el sufrimiento de una mayoría sabiendo que corría el riesgo de dar su vida por aquellos que iban a vivir después de él y sintiendo conscientemente que ese riesgo si valía la pena. Estoy segura que si pudiera hablar después de muerto diría en otro grito: "En nuestras manos está el cambiarlas".

¡No hay perdón ni olvido!

¡No a la Impunidad!

Extraido de "El Rodriguista" Nº37 año 1989