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JOSE
SOAQUIN VALENZUELA LEVI |
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¡Gracias, hermano!
Cuando niño, le pregunté a mi hijo
que cómo había aprendido a ver las injusticias y a sufrir
por ellas, y él me contestó que yo se lo había
enseñado. No me arrepiento y me siento orgullosa de habérselo
enseñado. El futuro de mi hijo, podría haber sido un
camino fácil, sin problemas y sin preocuparse de los demás:
un profesional viviendo en Chile, en Santiago, en una casita del barrio
alto con un jardín con begonias, y preocupándose solamente
de su éxito profesional y de la felicidad de su familia. La
explicación de por qué el camino elegido por ese niño,
después adolescente y ya adulto (29 años cuando lo asesinaron)
no fue un camino fácil y egoísta, nació en Pepo
cuando niño ya que, aunque introvertido y tranquilo, no podía
soportar la injusticia. A los 6 años tuvo de repente la vivencia
de la injusticia, de que había mucha gen te que no tenía
las mismas oportunidades que él, y sobre todo de que había
mucha gente que tenía hambre y que alrededor de esa gente otra
gente vivía tranquilamente sin verlo que pasaba o no queriendo
ver lo que pasaba. Esa constatación, esa vivencia, se reflejó en un grito: "Pero Maaamy, y por qué nadie no hace
naaada!!". A los l5 años y después de participar
en construir un mundo de igualdad, justicia, y en el cual nadie sufriera
hambre, el mundo de la Unidad Popular, vino la destrucción
de esa posibilidad, vino el Golpe, y allí dijo en un grito
callado, con una seguridad de hombre, esta vez tranquilo y seguro
de su decisión: "Voy a tener que repensar mi vida".
El camino que eligió fue el de una entrega total para terminar
con el sufrimiento de una mayoría sabiendo que corría
el riesgo de dar su vida por aquellos que iban a vivir después
de él y sintiendo conscientemente que ese riesgo si valía
la pena. Estoy segura que si pudiera hablar después de muerto
diría en otro grito: "En nuestras manos está
el cambiarlas". ¡No
hay perdón ni olvido! |
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| Extraido de "El Rodriguista" Nº37 año 1989 | |